— Camus Albert / Cartas a un amigo alemán (fragmento)
(Fuente: extremosdelacordura, vía no-occident)
— Alejandra Pizarnik
Se declara el primer asalto, la primera nota, y me veo inmersa en ese atrás. En ese nunca y ese siempre, y ese mientras tanto que se araña en tus caminos. Mi Barcelona querida.
Al compás del estribillo viene corriendo un instante de anuncio de perfumes. Y ahí estoy, en el puerto, mientras tomo un helado y miro los barcos llegar. Esperando ver llegar también los deseos -intactos y sumisos- que nos negamos a cumplir. Recuerdo cada nota de aquellos días de primavera en la costa del silencio. Hoy las cosas no han cambiado mucho. Hay más paz, pero no más respuestas. No sabemos quiénes somos ni dónde esta el camino. Sólo sabemos que no era aquel que seguíamos cuando viajamos al mar.
Y lo cambiamos, lo rompimos y lo montamos de nuevo, piedra a piedra. Hoy todo esta más limpio y en mejor compañía.
Pero nos pesa no saber aún de que sirve tanta piedra y a dónde lleva el maldito camino del que todos hablan. Me pesa no ser capaz de encontrar un verso más puro que los que allí se vertieron. Porque allí estaba perdida, pero desintoxicada, sin jaulas.
Porque escuché el silencio y supe ser alguien. Y cada minuto de aquella gloria esta hoy en estas venas. Lo recuerdo y lo busco, y aún espero encontrarlo. Aquí, lejos del mar, pero cerca de mi.
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
— Ángel González